La trampa del voto útil: cómo la izquierda institucional gestiona tu miseria

Por Spanish Utopia
5 de noviembre de 1984

El ritual electoral vuelve a convocar a lxs explotadxs para que elijan con qué collar prefieren ser atadxs. El engaño es elemental: hacernos creer que echar un papel en una urna es un acto de soberanía, cuando sólo sirve para legitimar al Estado, blindar la propiedad privada y decidir qué capataz administrará la precariedad cotidiana.

Llega la temporada alta de la extorsión democrática al grito de «¡que viene el lobo!», coreado por progresistas de moqueta, burócratas sindicales y toda la corte de la izquierda institucional. Exigen a lxs de abajo votar tapándose la nariz, como si el hedor viniera del candidato de turno y no del propio sistema parlamentario, bajo la eterna promesa de frenar a la reacción.

Para colmo, la farsa se sostiene gracias a un PSOE que, a estas alturas, únicamente una mente lobotomizada por los editoriales del régimen puede considerar de izquierdas: un partido dinástico del 78, lacayo sumiso del IBEX, guardián de las fronteras de sangre y artífice de reconversiones, desahucios y cloacas de Estado.

Y a su rebufo, en el lodazal de la supuesta izquierda radical, asistimos a una lamentable pelea de carroñerxs por los restos del pastel parlamentario. Podemos y el artefacto reformista de Frente Amplio andan a la gresca, despedazándose en público por sillones, cuotas de poder y puestos de salida en las listas, mientras intentan venderse como la reserva moral de la clase trabajadora.

Hay que tener la cara de cemento armado. Son exactamente lxs mismxs que gobernaron en coalición con esos mismos carceleros sociatas para apuntalar el sistema, lxs mismxs que estamparon su firma y aplaudieron los presupuestos con el mayor gasto militarista y belicista de la historia de la democracia. Los supuestos adalides de la paz y de la gente no tuvieron ningún reparo en regar de millones a la industria armamentística y arrodillarse ante los dictados imperialistas de la OTAN con tal de no perder las moquetas ministeriales.

Por un lado, Podemos desempolva ahora una pose de radicalidad impostada desde sus trincheras mediáticas, pretendiendo que olvidemos que fueron ellxs quienes domesticaron la rabia de las plazas para convertirla en secretarías de Estado, blindar las ganancias patronales y enviar tanquetas contra lxs huelguistas del metal. Por el otro, Frente Amplio perfecciona la estafa con su reformismo edulcorado y dócil, una socialdemocracia descafeinada pensada para no molestar jamás a los poderes económicos, prometiendo gestionar con sonrisas el mismo capitalismo que nos desahucia y nos condena a alquileres impagables.

El mecanismo de la alternancia es impecable. La derecha más cavernaria asusta para tensar la cuerda, y esta pandilla de gestorxs del mal menor recoge los frutos del pánico para desmovilizar la calle, pacificar el conflicto y transformar la insurrección en una papeleta inútil. Al final, el dilema que imponen se reduce a elegir si prefieres que te robe la cartera un matón que te escupe a la cara o un burócrata progresista que financia la guerra y envía a la policía a desahuciarte mientras te promete un escudo social de cartón piedra.

Aceptar ese terreno de juego es comprar la soga con la que ahorcan a nuestra clase. Cada vez que lxs oprimidxs renuncian a la acción directa y al enfrentamiento contra las instituciones para salvar los muebles en una farsa electoral, el orden burgués sale reforzado y la rabia colectiva queda neutralizada en un trozo de plástico. Frente a la trampa de escoger el veneno más suave, la única salida digna no pasa por legitimar a ningún amo ni alimentar las carreras de politicastros profesionales, sino por la autoorganización fuera de sus instituciones, el apoyo mutuo y la destrucción definitiva del Estado y de su circo electoral.