El activismo y la organización colectiva se basan, ante todo, en la confianza mutua. Sin embargo, durante los últimos años, diversos movimientos sociales en el Estado español (desde colectivos de vivienda hasta asambleas antifascistas) se vieron sacudidos por el descubrimiento de múltiples infiltraciones por parte de la Policía Nacional.
A raíz de estas experiencias, militantes que vivieron de cerca estos casos redactaron un manual con un objetivo claro: democratizar la cultura de la seguridad, demostrar que el Estado no es infalible y ofrecer herramientas tangibles para gestionar las sospechas sin caer en la destructiva trampa de la paranoia.
Aquí resumimos las claves fundamentales para entender cómo operan estos agentes y cómo reaccionar de forma grupal.
1. El perfil del infiltrado: Patrones y mitos desmontados
Los cuerpos policiales utilizan fórmulas que les han funcionado durante décadas. No obstante, el estudio de los casos destapados ha servido para romper falsos mitos sobre supuestas «líneas rojas» o códigos de conducta que la policía «nunca» cruzaría:
- Vínculos afectivos e ilegalidad: Los infiltrados sí mantienen relaciones sexoafectivas estables con personas de los colectivos para ganar credibilidad, se tatúan elementos del «rollo» e incluso cometen actos ilegales o participan en desobediencia civil.
- Identidades casi perfectas (pero con grietas): Suelen mantener su nombre de pila y su fecha de nacimiento real (lo que les evita fallos reflejos), pero cambian sus apellidos. Al solicitar su partida de nacimiento en el Registro Civil de forma encubierta, la respuesta suele ser un revelador «no existe».
- La falta de arraigo: Generalmente provienen de otra ciudad para evitar ser reconocidos. Aunque construyen relatos sobre su pasado, es extremadamente raro conocer a sus amigos de la infancia o ver fotos de su vida anterior.
- Militantes modelo, pero sin ideología: Suelen esquivar los debates políticos profundos. En cambio, son los primeros en ofrecerse para tareas logísticas, tesorería, conducción de vehículos o apoyo emocional, ganándose rápidamente a las personas clave de la organización.
- Logística orquestada: Utilizan números de teléfono prepago cuyas numeraciones sospechosamente coinciden por promociones de la academia de policía. Además, sus casas suelen parecer poco habitadas o decoradas de manera «artificial» para simular identidad política.
2. La estrategia de salida: Desconexión repentina
Una de las señales más claras se da de manera retrospectiva, en el momento en que el agente debe retirarse. El manual destaca que la inmensa mayoría cumple misiones de varios años y luego desaparece de forma abrupta utilizando casi siempre dos excusas recurrentes:
- Un cambio repentino de trabajo o traslado forzoso.
- Un familiar gravemente enfermo (como un padre con cáncer) que requiere cuidados inmediatos en su ciudad de origen.
Tras su marcha, cortan el contacto presencial pero suelen mantener activos sus números falsos o redes sociales de forma virtual por si el equipo que los monitoriza necesita que vuelvan a conectarse en el futuro.
3. ¿Cómo investigar? El método frente al rumor
Tener sospechas es válido, pero el manual es tajante: las sospechas por sí solas jamás justifican propagar rumores. Una acusación infundada puede destruir un colectivo más rápido que el propio infiltrado. El protocolo recomendado sigue estos pasos:
- Crear un grupo de investigación cerrado: Debe estar formado por personas de estricta afinidad y discreción. Esto evita que el sospechoso destruya pruebas (si es policía) o que sufra daños emocionales irreparables (si es una persona inocente).
- Mente abierta y crítica: Se debe empezar el proceso asumiendo que lo mejor es equivocarse y limpiar de sospechas a la persona.
- Organizar datos objetivos: Dibujar cronogramas, rellenar huecos temporales y cruzar datos públicos como el Boletín Oficial del Estado (BOE) —donde aparecen los aprobados de la academia de policía— o solicitar notas simples en el Registro de la Propiedad para ver quién es el dueño real de la casa donde dice vivir.
4. Gestión de consecuencias y salud emocional
Descubrir que un compañero de asambleas, de piso o una pareja era un agente del Estado provoca un impacto psicológico profundo. Por ello, el manual prioriza el apoyo mutuo y la madurez política:
- Mitigar la paranoia: La seguridad consiste en gestionar el riesgo para poder seguir actuando políticamente; la paranoia paraliza y hace ver enemigos en cada esquina. Centrarse en datos reales y tangibles ayuda a mantener los pies en la tierra.
- Socializar la información con sensibilidad: Si se confirma la infiltración con pruebas definitivas (como identidades reales o fotografías), se debe avisar primero en persona y con tacto a los afectados más cercanos antes de publicarlo en medios.
- Buscar apoyo profesional: Colectivos que han pasado por esto destacan la importancia de acudir a centros especializados en atención a víctimas de violencia política (como el centro Sira) para gestionar la culpa, el autodesprecio y la ruptura de las redes de confianza.
A pesar del daño innegable que causan estas prácticas represivas, los autores del manual nos recuerdan que el Estado y la policía no son invencibles. La publicación de estos casos, lejos de aislarnos, debe servir para robustecer nuestras herramientas de autodefensa, aprender a cuidarnos colectivamente y continuar luchando por los objetivos emancipatorios con estructuras mucho más maduras, inteligentes y seguras.

