La división en el anarcosindicalismo español: De la escisión de la CGT a la traición de la CNT-CIT

Por Spanish Utopia
18 de noviembre de 2025

Desde hace unos años se lleva produciendo un enfrentamiento y división en el seno de la CNT (Confederación Nacional del trabajo), uno de los sindicatos históricos en España, que ahora atraviesa momentos complejos.

El conflicto interno comenzó en 2016, cuando la CNT estatal fue expulsada de la AIT por no pagar las cuotas a la misma internacional. y empezó a seguir los postulados de otra Internacional, la de la Confederación Internacional del Trabajo (CIT).

El anarcosindicalismo en España, heredero de la histórica CNT y que jugó un papel esencial en la Revolución de 1936, ha sufrido a lo largo de su historia reciente profundas divisiones que han debilitado su potencial revolucionario. La más conocida es la escisión que dio origen a la CGT en los años 80, pero la más reciente y dolorosa es la ruptura entre la auténtica CNT-AIT (afiliada a la Asociación Internacional de los Trabajadores, AIT) y la autodenominada CNT (afiliada a la Confederación Internacional del Trabajo, CIT), una organización que ha traicionado los principios fundamentales del anarcosindicalismo al abrazar prácticas reformistas, autoritarias y, en última instancia, represivas contra sus propios compañeros.

La escisión de la CGT: El precedente reformista

Para entender la actual división, es necesario remontarse a finales de los años 70 y principios de los 80. Tras la muerte de Franco y la reorganización de la CNT, el V Congreso de 1979 en Madrid marcó el primer gran cisma. Un sector minoritario, partidario de participar en las elecciones sindicales y en los comités de empresa —prácticas que implican delegacionismo, institucionalización y aceptación del marco legal burgués—, se escindió y celebró un congreso alternativo en Valencia, autodenominándose CNT-Congreso de Valencia.

En 1983-1984, tras otra escisión interna en la CNT-AIT (la histórica, opuesta a las elecciones sindicales), este sector se unificó en lo que se conoció como CNT-Renovada. En 1989, tras perder un pleito judicial por las siglas CNT —que el Tribunal Supremo otorgó a la CNT-AIT—, adoptaron el nombre de Confederación General del Trabajo (CGT).

Esta escisión supuso la pérdida de miles de afiliados y una parte importante del patrimonio histórico, pero también clarificó posiciones: la CGT abrazó abiertamente el reformismo, participando en elecciones sindicales, aceptando subvenciones estatales y liberados, y derivando hacia un sindicalismo de concertación similar al de CCOO y UGT. Para muchos anarcosindicalistas puros, la CGT representó la primera gran traición con su complicidad con el Estado y sus instituciones.

La ruptura de 2015-2018: El nacimiento de la CNT-CIT y su deriva autoritaria

Décadas después, la historia se repitió, pero con una gravedad mayor: la traición vino desde dentro de la propia CNT. A partir de 2010, en congresos como el de Córdoba, se impusieron cambios estatutarios que favorecían la proporcionalidad directa (beneficiando a los sindicatos grandes) y un centralismo creciente. Entre 2015 y 2016, una corriente sindicalista-reformista —priorizando el «crecimiento numérico» por encima de los principios— impulsó una «refundación» de la internacional anarcosindicalista, criticando a la AIT por ser «dogmática» y «pequeña».

En el Congreso de Zaragoza de 2015 (conocido como «el de las sillas vacías» por las ausencias masivas en protesta), se consolidó esta deriva. La mayoría impuso prácticas verticales: expulsiones masivas de sindicatos disidentes, manipulación de acuerdos, profesionalización del sindicalismo y un ejecutivismo que vaciaba de contenido las asambleas. Sindicatos que denunciaban la corrupción, el verticalismo y el abandono de la acción directa fueron expulsados o abandonaron voluntariamente.

En 2016, esta corriente rompió con la AIT (histórica desde 1922) y, junto a sectores de USI (Italia) y FAU (Alemania), fundó en 2018 la CIT, una internacional «moderna» que atraería después a la IWW estadounidense. La CNT auténtica, fiel a los principios, se reorganizó como CNT-AIT y fue readmitida en la AIT .

La CNT-CIT (o CNT©, como la llaman despectivamente los críticos por su uso fraudulento de siglas y patrimonio) ha derivado hacia un modelo autoritario: centralismo extremo, burocratización, compra de votos mediante afiliaciones infladas y un sindicalismo pragmático que prioriza la representatividad institucional sobre la lucha revolucionaria. Su «crecimiento» se basa en prácticas que nada tienen que ver con el anarcosindicalismo: jerarquías disfrazadas, liberados encubiertos y una obsesión por el número que sacrifica la coherencia ideológica.

La traición culminada: Tribunales burgueses contra compañeros anarcosindicalistas

El punto álgido de esta traición llegó con el recurso a la justicia del Estado —el mismo aparato represivo contra el que supuestamente lucha el anarquismo— para atacar a la CNT-AIT. El caso más emblemático es el de los históricos locales de Tirso de Molina 5 en Madrid, sede simbólica del anarcosindicalismo desde los años 70.

Comprados y mantenidos por sindicatos de la Federación Local de Madrid (CNT-AIT), estos locales fueron usurpados por la La CNT-CIT tras expulsar fraudulentamente a dicha federación en 2018. En 2025, un juzgado dictó sentencia de desalojo forzoso contra la CNT-AIT Madrid, reconociendo la propiedad a la La CNT-CIT y dando un mes para el abandono voluntario (julio-agosto 2025). La La CNT-CIT no dudó en amenazar con antidisturbios para echar a compañeros que seguían usando el espacio para luchas sociales y sindicales.

No es un caso aislado: la CNT-CIT ha interpuesto demandas en la Audiencia Nacional reclamando sumas millonarias a sindicatos de la CNT-AIT, falsificado documentos para quedarse con locales (como en Figueres o Cádiz) y usado la policía burguesa contra anarcosindicalistas. ¿Cómo puede una organización que se dice libertaria recurrir al Estado para reprimir a sus excompañeros? Esta es la máxima expresión de su deriva autoritaria y reformista: prefieren aliarse con jueces y antidisturbios antes que resolver conflictos asambleariamente.

Conclusiones: Un anarcosindicalismo a la deriva y enfrentado

El anarcosindicalismo español vive hoy fragmentado y debilitado: la CGT es un sindicato reformista más, con cientos de miles de afiliados pero alejado del anarquismo; la CNT-CIT ha optado por un sindicalismo «eficaz» que sacrifica principios por números, recurriendo incluso a la represión estatal; y la CNT-AIT mantiene viva la llama del anarcosindicalismo revolucionario puro: rechazo a elecciones sindicales, subvenciones y liberados; acción directa; horizontalidad real; y fidelidad a la AIT.

Estas divisiones repetidas —siempre impulsadas por corrientes reformistas que priorizan la «práctica» institucional sobre la revolución— han convertido al anarcosindicalismo en un movimiento enfrentado consigo mismo, incapaz de presentar una alternativa real al sindicalismo amarillo de CCOO-UGT. Mientras la CNT-CIT celebra su «crecimiento» a costa de traicionar todo lo que la CNT representó en 1936, la CNT-AIT resiste contra viento y marea, recordándonos que el verdadero anarcosindicalismo no negocia con el Estado ni reprime a sus compañeros.

Solo recuperando la unidad en los principios —no en el oportunismo— podrá el anarcosindicalismo español volver a ser una herramienta de emancipación obrera. Hasta entonces, seguirá a la deriva, sangrando por heridas autoinfligidas.

¡Viva la CNT-AIT! ¡Viva el anarcosindicalismo revolucionario!