El 14 de febrero, conocido como el Día de San Valentín o Día del Amor y la Amistad, se presenta en la sociedad actual como una celebración del romance. Sin embargo, este día no es más que una manifestación más del consumismo capitalista y las estructuras patriarcales que lo sostienen y que oprimen nuestra libertad individual y colectiva.
El llamado «amor romántico» que se promueve en estas fechas no surge de una conexión auténtica entre personas libres, sino de un conjunto de mitos impuestos que sirven para perpetuar la dominación.
Desde pequeños nos enseñan que el amor verdadero implica posesión eterna, que los celos intensos son prueba de pasión profunda, que una persona puede «pertenecer» a otra en cuerpo, decisiones y hasta en su destino.
Estas ideas no fomentan relaciones sanas basadas en el respeto mutuo y la autonomía, sino vínculos de propiedad donde uno controla al otro: desde con quién se relaciona hasta aspectos más extremos de la vida cotidiana. Este modelo genera violencia cotidiana, desde agresiones en las relaciones hasta formas más graves de coerción y daño.
Emma Goldman, una de las voces más importantes dentro del anarquismo y el feminismo libertario, lo expresó con claridad en su ensayo Marriage and Love «¿Amor libre? ¡Cómo si el amor pudiera ser otra cosa que no fuese libre! El hombre ha comprado cerebros, pero todos los millones del mundo han fracasado en comprar amor. […] Sí, el amor es libre; no puede habitar en ninguna otra atmósfera. En libertad se entrega sin reservas, abundantemente, completamente.»

Estas palabras de Emma Goldman nos recuerdan que el verdadero amor solo florece en un terreno de libertad absoluta, sin cadenas estatales, religiosas ni mercantiles. Cualquier intento de regularlo, poseerlo o mercantilizarlo lo pervierte y lo convierte en algo ajeno a su esencia: una transacción, un contrato, una forma de control.
El capitalismo se alía perfectamente con estas estructuras patriarcales para intensificar la opresión. El 14 de febrero se transforma en una maquinaria de consumo masivo: regalos y cenas caras, experiencias «románticas» que miden el afecto en términos monetarios.
El patriarcado, como sistema de dominación jerárquica, impone que el amor se exprese a través de la sumisión de unas personas a otras, y el capitalismo lo convierte en un negocio rentable. El resultado es una sociedad donde las relaciones humanas quedan mediadas por el poder, la posesión y el lucro, lejos de la solidaridad, la autonomía y el deseo mutuo sin coacciones.
Desde el anarquismo libertario, rechazamos esta farsa. El amor auténtico no necesita santos ni fechas comerciales para existir. No se compra ni se vende. No se posee ni se controla. Florece precisamente cuando las personas se reconocen como seres libres, iguales en dignidad, capaces de relacionarse sin jerarquías ni imposiciones externas.
En lugar de celebrar el «Día del Amor» tal como lo dicta el mercado, proponemos cuestionar radicalmente cómo amamos y cómo vivimos. Desmantelar las ideas de posesión y celos como prueba de afecto. Construir vínculos basados en el consentimiento continuo, la autonomía personal y la responsabilidad compartida.
Por eso, en vez de rosas y chocolates impuestos por el calendario capitalista, abracemos la idea Emma Goldman: el amor no puede ser otra cosa que libre. Y para que lo sea de verdad, debemos derribar todo lo que lo encadena. Solo entonces el 14 de febrero —y todos los días— podrán ser días de auténtica liberación afectiva y humana.

