Los ataques estadounidenses e israelíes a yacimientos de gas, instalaciones nucleares y desalinizadoras liberan tóxicos en aire, suelo y agua, que según expertos dañarán la salud de los iraníes durante décadas.
Los depósitos de petróleo expulsan humo negro; los restos se hunden en el golfo Pérsico; los misiles golpean instalaciones militares. La guerra en Irán ha desatado una mezcla tóxica de productos químicos, metales pesados y otros contaminantes que amenaza desde la agricultura hasta el agua potable y la salud de la población y que, según los expertos, dejará tras de sí daños ambientales y riesgos sanitarios que podrían persistir durante décadas.
Quizá las imágenes más duraderas de la guerra sean los cielos oscurecidos por las infraestructuras petrolíferas incendiadas en los bombardeos, como ocurrió hace unas semanas cuando cayó lluvia negra cerca de Teherán, la capital iraní.
El hollín microscópico aumenta el riesgo de afecciones pulmonares y cardíacas, mientras que los productos químicos tóxicos suponen riesgos de cáncer a largo plazo y los metales pesados procedentes de la caída de residuos pueden contaminar los suelos y las reservas de agua.
El hollín, las cenizas y los productos químicos tóxicos procedentes de los ataques contra depósitos de combustible y una refinería se mezclaron con las gotas de agua de la atmósfera y regresaron a la superficie en forma de lluvia aceitosa y ácida, lo que llevó a las autoridades a recomendar que la población permaneciera en casa.
Los restos y la contaminación de los misiles, así como posibles ataques contra plantas industriales y otras infraestructuras, también podrían desencadenar una contaminación peligrosa en toda la región.

El acceso continuado a agua potable es una de las grandes preocupaciones
Los países de la región del golfo Pérsico dependen de cientos de plantas desalinizadoras para el agua de consumo, lo que entraña riesgos para la salud y la seguridad si estas instalaciones resultan dañadas o si el agua se contamina. Las poblaciones de la región ya tienen dificultades para acceder a agua potable limpia, incluso en tiempos de paz, y cualquier daño a las infraestructuras hídricas puede tener impactos duraderos.
Irán ha asegurado que un ataque aéreo estadounidense dañó una de sus plantas desalinizadoras, mientras que el vecino Baréin ha acusado a Irán de haber dañado una de las suyas. Los expertos temen que se ataquen más instalaciones cuanto más se prolongue la guerra.
La reparación de los daños ambientales puede llevar décadas
Tras la guerra, cuando Irán y otros países emprendan la reconstrucción, los daños ambientales podrían quedar en un segundo plano, advierten los expertos. La atención se centrará en las infraestructuras energéticas e hídricas, las plantas industriales y las instalaciones de producción de alimentos.
En Teherán, una ciudad densamente poblada, por ejemplo, un gran número de ataques ha alcanzado no solo infraestructuras petrolíferas, sino también edificios y zonas residenciales, lo que genera una contaminación nociva procedente de materiales de construcción pulverizados. La población está expuesta al polvo y a los productos químicos, una situación que puede prolongarse mucho tiempo después de que la guerra termine y comience la reconstrucción.

