Tras la puñalada traidora de la CNT-CIT® de recurrir a los tribunales del Estado, echar a los compañeros de sus locales e impedirles usar sus propias siglas, la Confederación Anarcosindicalista se reinventa y seguirá siendo la misma, al pie de batalla.
La ofensiva judicial emprendida por la facción oficialista no ha sido un simple litigio de siglas, sino un intento deliberado de liquidar por la vía burguesa y punitiva décadas de militancia inquebrantable, recurriendo a la judicatura y a las fuerzas del Estado para desalojar espacios autogestionados y despojar a la militancia de un patrimonio forjado por la clase trabajadora.
Este proceso de persecución y judicialización, cuyas implicaciones y detalles han sido expuestos en diversos análisis y crónicas del conflicto libertario, buscaba asestar un golpe mortal a quienes jamás claudicaron ante las prebendas del sindicalismo subvencionado o la tentación electoralista.
Sin embargo, frente al intento de borrarlos del mapa, la organización reafirma que las ideas no se clausuran con sentencias judiciales ni se compran en oficinas de patentes. La Confederación Anarcosindicalista (CA-AIT) se erige con orgullo como la única y legítima heredera de la CNT histórica: aquella que nació de la base, que jamás delegó en comités profesionales y que mantuvo intacto el principio de acción directa frente a la patronal y al Estado.
Esta nueva etapa consolida una red sindical reorganizada horizontalmente, con asambleas plenamente soberanas y una estructura confederada que mantiene inalterable su pertenencia a la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT). Mientras otros han optado por ententes burocráticas a nivel internacional, los sindicatos de la CA-AIT ratifican su lealtad al internacionalismo proletario tradicional, demostrando que la continuidad de la lucha no depende de un rótulo legal, sino de la fidelidad a los principios que la vieron nacer.
La renovación visual que sella este momento histórico reúne memoria clásica y síntesis militante en una misma propuesta gráfica. En la parte superior destaca una composición alegórica en grabado enmarcada en una elegante orla tradicional, donde una figura femenina que personifica la Libertad con el símbolo de la anarquía en su pecho y rompiendo las cadenas del salariado, alza una antorcha encendida y la bandera negra, pisando el globo terráqueo como símbolo indiscutible del internacionalismo de la clase trabajadora.
Esta escena central queda arropada por el rótulo de la «CONFEDERACIÓN ANARCOSINDICALISTA» y las siglas «CA» y «AIT» en caracteres robustos con referencias geométricas, subrayando al pie su condición de sección española de la Internacional. Justo debajo, la identidad se resume en un dinámico imagotipo donde ondea la clásica bandera rojinegra con el monograma blanco «CA» y las siglas «AIT», acompañado al pie por el nombre de la organización, conformando un emblema ágil y rotundo pensado para la propaganda directa y la agitación en la calle.
Esta nueva imagen demuestra que el anarcosindicalismo no depende de papeles oficiales ni de lo que dicte un juez. Con la determinación de seguir organizando el combate laboral desde la base y sin tutelas, la CA-AIT demuestra que las marcas pertenecen a los tribunales, pero la verdadera herencia histórica permanece viva en los tajos y en las asambleas.


