La cosa está que arde en Bolivia. A solo seis meses de asumir el poder, el presidente Rodrigo Paz ya enfrenta una ola masiva de protestas.
Miles de campesinos, indígenas, mineros y trabajadores salieron a las calles en mayo de 2026 exigiendo su renuncia. Es una mezcla explosiva: defensa de sus tierras, combustibles por las nubes, disputas por el litio y, sobre todo la intenciones claras de saqueo de los Estados Unidos.
Todo empezó a finales de abril y principios de mayo de 2026 con movilizaciones fuertes desde Beni y Pando contra una reforma agraria que se aprobó sin consultar a nadie. La idea era convertir pequeñas propiedades en medianas para facilitar préstamos, pero los campesinos vieron clarito el riesgo de que los grandes agroempresarios se comieran las tierras comunitarias. Tras semanas de presión y marchas, el gobierno tuvo que derogarla a mediados de mayo.
Al mismo tiempo, los transportistas y la Central Obrera Boliviana (COB) paralizaron el país por la escasez y el brutal aumento de los hidrocarburos. Bolivia, que antes era potencia gasífera, ahora importa el 80% del diésel. Los bloqueos siguen activos a finales de mayo, generando falta de alimentos, medicinas y combustible en varias regiones.

El saqueo made in USA: Starlink, litio y consejeros fantasma
Aquí es donde Estados Unidos mete la cuchara bien profundo. Desde que asumió en noviembre de 2025, el gobierno de Paz abrió las puertas a intereses yanquis disfrazados de “inversiones” y “modernidad”.
- Devolvió a la DEA después de 17 años fuera.
- Firmó con Starlink de Elon Musk.
- Reanudó relaciones con Israel.
- Y avanzó en un memorando con EE.UU. sobre “minerales críticos” (léase: litio).
Bolivia tiene las mayores reservas de litio del planeta, pero produce muy poco. Ahora, con el país ahogado en deudas y reservas bajas, aparece Estados Unidos dispuesto a “ayudar” a cambio de acceso preferencial al recurso. Mientras China ya domina el refinamiento, los yanquis no quieren quedarse atrás. Es el clásico saqueo de recursos: entran con sonrisas, decretos exprés y asesores como Fernando Cerimedo (cercano a Trump y Milei) moviendo los hilos.

El pueblo boliviano no está comprando esta película. Ven cómo se entregan datos, territorio digital y recursos estratégicos mientras les piden que aprieten el cinturón.
La bronca sigue creciendo con bloqueos, muertos por falta de atención médica y represión. Esta tercera semana de protestas puede definir si el gobierno aguanta o si el descontento popular termina barriendo este experimento centroderechista tan amigo de Washington.
Bolivia está diciendo basta al saqueo disfrazado de progreso. Veremos cómo sigue la cosa.


